Acuerdo Mercosur – UE.
Cinco claves para no quedar afuera
En tres semanas entra en
vigencia el acuerdo Mercosur–Unión Europea, después de casi 20 años de
negociación. Es, sin dudas, uno de los hitos más importantes del bloque desde
su creación: conecta dos regiones que superan los 700 millones de personas y un
PBI de más de USD 22 billones, con el objetivo de reducir aranceles, facilitar
el comercio e integrar cadenas globales de valor.
Querido lector, mucho se
ha dicho sobre beneficios, oportunidades y geopolítica. Pero hay algo mucho más
importante que está pasando por debajo del radar: el acuerdo ya empezó… y el
verdadero partido no se juega en los aranceles.
1. Lo que entra en
vigencia no es todo el acuerdo
Lo que comienza ahora no
es el tratado completo, sino su parte comercial: el llamado acuerdo interino.
¿La razón? Europa todavía
no logra aprobar el acuerdo integral. Francia —junto con Polonia e Irlanda—
cuestiona tanto el contenido como el mecanismo de aprobación. Frente a ese
bloqueo, la Unión Europea recurre a una herramienta que ya utilizó con Canadá,
Japón y Vietnam: avanzar primero con lo que sí puede decidir sola, el capítulo
comercial.
Traducción simple:
mientras la política discute, el comercio avanza. Y el que entienda esto antes,
llega antes.
2. El verdadero filtro no
son los aranceles
Acá está uno de los
errores más comunes: creer que el acceso al mercado depende solo de bajar
aranceles.
El propio acuerdo es
claro: cada parte mantiene sus reglas sanitarias, técnicas y ambientales. Es decir,
los estándares pasan a ser el verdadero filtro del comercio.
Y esto no es menor.
Cumplir con certificaciones, trazabilidad, ensayos o etiquetado puede costar
cerca del 4,7% del valor agregado. Para una gran empresa, es un costo más. Para
muchas PyMEs, directamente puede ser la diferencia entre exportar o mirarlo por
TV. La sustentabilidad deja de ser marketing y pasa a ser barrera de entrada.
En ese contexto, hay dos
normas que cambian las reglas del juego:
El CBAM: desde 2026, los
productos con mayor huella de carbono van a pagar más para entrar a Europa.
El EUDR: exige demostrar,
con coordenadas geográficas, que productos como carne, soja o madera no
provienen de zonas deforestadas después de 2020.
Lo que antes era “valor
agregado”, hoy es requisito técnico. Y al que no lo entienda lo agarra la
motosierra verde.
3. La apertura es real,
pero no es inmediata
El acuerdo crea una zona
de libre comercio, pero no de un día para el otro.
La Unión Europea
eliminará aranceles para el 92% de las exportaciones del Mercosur y dará acceso
preferencial a otro 7,5%. Pero los tiempos importan.
Europa abre más rápido.
El Mercosur, más lento. En algunos sectores sensibles —como el automotor— la
desgravación puede llevar hasta 15 años.
Esto no es un shock, es
un proceso. Y como todo proceso, premia a los que se preparan antes.
4. Los cupos: donde el
que llega primero, gana
Cuando aparecen los
cupos, cambia completamente la lógica.
El acuerdo fija
volúmenes, pero no define en todos los casos cómo se reparten. Establece principios
generales —transparencia y no discriminación—, pero deja la administración en
manos de cada parte.
En algunos productos,
directamente aplica el criterio de orden de llegada. Vehículos, chocolates,
productos de confitería o ciertos quesos europeos funcionan así.
El acuerdo define el
tamaño de la torta. Pero no cómo se reparte dentro del Mercosur.
Y en ese escenario, no
alcanza con ser competitivo: hay que ser rápido.
5. Saber surfear el
acuerdo
Acá es donde se juega la
diferencia. Hay que actuar sobre el Acuerdo Interino publicado por Cancillería.
Exportadores:
Tienen que ir directo al Apéndice 2 A 1 del acuerdo interino y buscar su
posición arancelaria en la Unión Europea. Ahí van a encontrar dos datos clave:
el “tipo básico” (el arancel de partida desde el 1 de mayo de 2026) y la
categoría de desgravación (los años hasta llegar a cero).
Un detalle clave: desde
mayo hasta diciembre de 2026 es “año cero”.
Si la categoría es 0, el arancel cae a cero inmediatamente. Si es 7, el proceso
llevará ocho años.
Si quieren medir la
mejora concreta, pueden comparar con el arancel actual en TARIC. Por ejemplo,
una máquina envasadora paga hoy 1,7%. Desde mayo, ese costo desaparece.
Pero cuidado: si aparece
algo distinto a un número, hay que ir a los anexos (2 A Sección A o B). Ahí
están los tratamientos específicos. Ignorarlos es jugar a ciegas.
Importadores:
Deben hacer el mismo ejercicio, pero en el Apéndice 2 A 2. La lógica es
idéntica, con una diferencia: acá se habla de “categoría de escalonamiento”.
Si aparece, por ejemplo,
un “15”, significa que la apertura será en 16 períodos (incluyendo el año
cero). Si aparece algo como “15V”, hay un régimen especial que hay que buscar
en los anexos.
Traducido: no todos los
productos se abren igual, ni al mismo ritmo. Y ahí está la oportunidad.
Hay consenso en economía
internacional en que el comercio hace que los países, en conjunto, ganen. Pero
eso no significa que las empresas ganen por igual. Eso lo explicó muy bien
Ronald Jones con su teoría de factores específicos: en el corto plazo, hay
sectores que despegan y otros que quedan más expuestos, porque no todos pueden
adaptarse al mismo ritmo.
Llevado al acuerdo
Mercosur–Unión Europea, esto es central. Habrá actividades en Argentina que
encuentren nuevas oportunidades, mientras otras enfrenten más competencia. No
es ideología, es cómo funcionan las economías reales. Uno descorcha y el vecino
se preocupa. Por eso, entender rápido el acuerdo no es un lujo: es una ventaja.
Para un exportador, puede ser la diferencia entre entrar primero a un cupo o
quedarse afuera. Para un importador, anticiparse a mejores condiciones.
En este contexto, el que
se mueve primero corre con ventaja. Porque los factores —la inversión, el
conocimiento, la estructura productiva— no cambian de un día para el otro. Y
ahí está la clave: el comercio abre oportunidades… pero no espera a nadie.

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