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Soy Contador Público Nacional (UNL), Especialista en Comercio Exterior (UNR), Magíster en Economía Aplicada (Universidad Austral) y Despachante de Aduana. Me desempeño como inversor profesional (ICB) y soy titular de DMF Comercio Exterior. Escribí tres libros que buscan, sobre todo, insertar personas y empresas en la exportación: Teoría y Práctica de la Exportación por Cuenta y Orden de Terceros (Ed. Librería Cívica, 2013). Comercio Exterior para No Especialistas (Ed. Tarifar, 2015). Exportación por Cuenta y Orden de Terceros: lo que necesitás saber (Ed. Tarifar, 2020). Combino mi trabajo profesional con la docencia en carreras de grado y posgrado en universidades nacionales, además de seminarios en instituciones intermedias de todo el país y capacitaciones in company para empresas. Participo habitualmente en medios de comunicación con columnas especializadas; actualmente soy columnista en El Cronista (ex La Nación). Vivo mi trabajo como una pasión, aunque lo más importante siempre está fuera de él. Mi frase preferida: “Nunca te des por vencido, porque si lo hacés, viene un chino y te mete en la góndola de los lácteos.” ¡Bienvenidos! 📘 Blog de Comercio Exterior: www.diegodumont.blogspot.com 🐦 Twitter/X: @diego_dumont

miércoles, 4 de febrero de 2026

Mercosur–Unión Europea: el mayor acuerdo del mundo que nació en terapia intensiva

 Hace mucho que no escribía algo exclusivo para este blog. hola!!


Después de 25 años de negociaciones, el Mercosur y la Unión Europea sellaron en Paraguay el que sería el mayor acuerdo de libre comercio del planeta. Un mercado combinado de casi 800 millones de personas, cerca de un cuarto del PBI mundial y la promesa de eliminar más del 90% de los aranceles entre ambos bloques. Sin embargo, el tratado tuvo una rareza poco habitual: apenas nació y ya fue derivado al hospital. Antes de entrar en vigencia, quedó atrapado en disputas políticas, judiciales y sectoriales que hoy lo mantienen congelado.

El acuerdo se apoya en tres pilares: comercial, cooperación (estándares) y diálogo político. Y como todo acuerdo grande, no es un cuento de hadas: es toma y daca.

El pilar comercial: ganadores, perdedores y una puerta que se abre en ambos sentidos

En lo comercial, el objetivo es claro: abrir mercados. Carnes, aceites, bebidas, calzados, autopartes, químicos, maquinaria. La lista es larga y la puerta se abre en ambos sentidos. Mientras un productor de carne argentino descorcha, un fabricante de autos en Brasil empieza a fruncir el ceño: autos alemanes, fármacos franceses o maquinaria europea llegarían con menos impuestos y más competitividad.

La teoría económica lo explica bien con el modelo de factores específicos: cuando un país se abre, los sectores exportadores ganan —y con ellos la tierra, el capital y el trabajo ligados a esos sectores—, mientras que los sectores que compiten con importaciones sufren. En el Mercosur, el gran beneficiado sería el complejo agroexportador; los más presionados, algunos segmentos de la industria manufacturera. La economía en su conjunto puede crecer —el Parlasur estima entre 1% y 4% del PBI y unos 15.000 empleos nuevos—, pero la distribución de ganancias y pérdidas es desigual.

Para los importadores, el acuerdo es una espada de doble filo: entra tecnología europea más barata y de mejor calidad, lo que puede lastimar a proveedores locales, pero también permitir un salto de productividad. Competir duele, pero también ordena.

Cooperación y estándares: del arancel al “pasaporte de carbono”

El capítulo más sensible no son los aranceles, sino los estándares. La Unión Europea empuja exigencias ambientales y técnicas nunca vistas, que muchos en el Mercosur leen como proteccionismo verde. Dos reglas clave entran en vigencia en 2026.

La primera es el Reglamento contra la Deforestación (EUDR): prohíbe importar carne, soja, café o madera si provienen de tierras deforestadas después del 31 de diciembre de 2020. ¿Cómo se controla? Con geolocalización obligatoria: el importador debe presentar las coordenadas exactas del campo. Un inspector en Rotterdam no mira el pasto: mira el mapa.

La segunda es el mecanismo de ajuste de carbono en frontera (CBAM): un impuesto al carbono para productos como acero o cemento, según cuántas emisiones generó su producción. El mensaje es claro: el pasaporte de carbono ya no es marketing, es un requisito técnico.

No todo arranca de cero. La carne argentina, basada en pastizales naturales, y los sistemas de trazabilidad brasileños juegan a favor. Pero para las pymes, el desafío es enorme: el principal costo no es el arancel, sino el cumplimiento. Auditorías, certificaciones, etiquetado, tiempo y dinero. Para una multinacional es un costo más; para una pyme puede ser una barrera de entrada. De ahí una clave central: sin apoyo institucional —bancos que financien, cámaras que capaciten— muchas empresas pueden quedar afuera, se ratifique o no el tratado.

El pilar político: Europa dividida y el acuerdo en la Justicia

En el plano político, el acuerdo partió aguas en Europa. Alemania y España lo defienden para reducir la dependencia de China. Francia, apoyada por Polonia e Irlanda, lo resiste con fuerza: para el agricultor francés, competir con el agro sudamericano es competencia desleal. Las imágenes de tractores bloqueando París lo dicen todo.

Para evitar una derrota política, el Parlamento Europeo optó por una salida salomónica: envió el acuerdo al Tribunal de Justicia de la UE, congelando el proceso hasta por dos años. Allí se revisan dos cosas: de fondo, si las reglas ambientales y sanitarias exigen lo mismo a productores europeos y del Mercosur; y de forma, si alcanza con la aprobación del Parlamento Europeo o si, por ser un acuerdo “mixto”, requiere la ratificación de los 27 parlamentos nacionales, un camino que puede demorar una década… o nunca terminar.

Mientras tanto, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dejó abierta la puerta a una aplicación provisional de la parte comercial, algo que la UE ya hizo con Canadá, Japón y Vietnam. El dilema es claro: avanzar y tensar la relación con Francia, o seguir esperando y poner en juego la credibilidad europea como socio comercial.

Argentina: comercio, inversiones y dólares genuinos

Para Argentina, el impacto potencial es relevante. La UE eliminaría aranceles sobre el 92% de las exportaciones del Mercosur, y los estudios oficiales estiman que las exportaciones argentinas podrían crecer 76% en cinco años y hasta 122% en diez. Las agroindustriales subirían alrededor de 15%, las industriales 30%, con foco en autopartes, químicos y petroquímica. A eso se suma energía y minería: litio, cobre e hidrocarburos.

Además, la UE ya es el principal inversor extranjero en Argentina, con un stock cercano a USD 75.000 millones, el 40% de la IED total. Más comercio y más inversión significan dólares genuinos, más estabilidad y efectos que terminan llegando —directa o indirectamente— a toda la economía.

El punto clave

El acuerdo Mercosur–UE puede ratificarse, aplicarse de forma provisoria o quedar empantanado en la política europea. Pero hay algo que no vuelve atrás: la tendencia. Para acceder a los mercados más grandes del mundo, los estándares de sostenibilidad llegaron para quedarse. La verdadera pregunta no es si el tratado entra en vigencia mañana, sino cómo estos estándares van a cambiar para siempre la forma de producir en el Mercosur, incluso si el acuerdo nunca cruza la puerta del hospital.


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