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Soy Contador Público Nacional (UNL), Especialista en Comercio Exterior (UNR), Magíster en Economía Aplicada (Universidad Austral) y Despachante de Aduana. Me desempeño como inversor profesional (ICB) y soy titular de DMF Comercio Exterior. Escribí tres libros que buscan, sobre todo, insertar personas y empresas en la exportación: Teoría y Práctica de la Exportación por Cuenta y Orden de Terceros (Ed. Librería Cívica, 2013). Comercio Exterior para No Especialistas (Ed. Tarifar, 2015). Exportación por Cuenta y Orden de Terceros: lo que necesitás saber (Ed. Tarifar, 2020). Combino mi trabajo profesional con la docencia en carreras de grado y posgrado en universidades nacionales, además de seminarios en instituciones intermedias de todo el país y capacitaciones in company para empresas. Participo habitualmente en medios de comunicación con columnas especializadas; actualmente soy columnista en El Cronista (ex La Nación). Vivo mi trabajo como una pasión, aunque lo más importante siempre está fuera de él. Mi frase preferida: “Nunca te des por vencido, porque si lo hacés, viene un chino y te mete en la góndola de los lácteos.” ¡Bienvenidos! 📘 Blog de Comercio Exterior: www.diegodumont.blogspot.com 🐦 Twitter/X: @diego_dumont

viernes, 6 de febrero de 2026

Acuerdo Argentina - Estados Unidos. Dos miradas opuestas


La historia económica suele escribirse en bifurcaciones. Y la Argentina, otra vez, está parada frente a una de ellas. El acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco firmado el 5 de febrero de 2026 entre la Argentina y los Estados Unidos alimenta una narrativa potente: la del regreso al mundo tras años de aislamiento. Pero, como casi todo en economía, también admite una lectura opuesta. ¿Estamos ante el comienzo de un milagro o ante una calma engañosa?

La mirada optimista

Desde el oficialismo, el acuerdo se presenta como un hito histórico. No es menor: Estados Unidos es la principal economía del planeta y el mayor importador del mundo. El entendimiento —aún pendiente de ratificación del Congreso— promete eliminar barreras de acceso para 1.675 productos argentinos, con un impacto estimado de más de USD 1.000 millones adicionales en exportaciones.

El sector más celebrado es el cárnico. La ampliación de la cuota de acceso preferencial a 100.000 toneladas anuales de carne bovina implica un salto de 80.000 toneladas adicionales en 2026, lo que podría traducirse en casi USD 800 millones extra de exportaciones. Para ponerlo en perspectiva: es cerca del 10% de todo lo exportado en carne en 2025, concentrado en un solo rubro. Un empujón fuerte, rápido y visible.

Del lado de las concesiones, la letra chica muestra que la Argentina elimina aranceles para 221 productos estadounidenses —máquinas, dispositivos médicos, químicos— y reduce al 2% los de algunas autopartes. La apuesta oficial es clara: abaratar insumos y bienes de capital para ganar competitividad sistémica, aunque eso implique más competencia externa para la industria local.

El acuerdo, además, no se queda en el intercambio de bienes. En inversiones, aparecen dos jugadores clave: el Export–Import Bank of the United States y la U.S. International Development Finance Corporation. No compran empresas ni ponen capital de riesgo puro, pero sí financian, aseguran y respaldan proyectos del sector privado estadounidense en países en desarrollo. En la agenda: litio, cobre, energía e infraestructura, con Estados Unidos buscando asegurarse un lugar preferencial en minerales críticos.

A eso se suma un costado “siglo XXI”: comercio digital, fintech, startups y un compromiso argentino de elevar estándares de propiedad intelectual, incluyendo el envío al Congreso del Tratado de Cooperación en Materia de Patentes (PCT). Para atraer tecnología, reglas claras en patentes no son un lujo: son condición necesaria.

Lo que no se consiguió

No todo es apertura. En acero y aluminio, sectores estratégicos para Washington, el acuerdo no elimina los aranceles heredados de la era Trump: solo promete “revisarlos oportunamente”. En la práctica, el 50% puede seguir vigente. Señal de que, aun en los grandes acuerdos, hay límites cuando entran en juego intereses sensibles.

La mirada pesimista

La otra cara la puso sobre la mesa Paul Krugman a fines de 2025. En un artículo muy crítico, describió a la “mileinomics” como un castillo construido sobre arena. Su diagnóstico es conocido: una terapia de shock fiscal que genera un costo social elevado, desempleo en máximos de varios años y una confianza inversora frágil.

Krugman traza un paralelismo inquietante con los años setenta: fuerte devaluación inicial, luego un tipo de cambio que se mueve más lento que los precios para anclar inflación, y una moneda que se aprecia en términos reales. El resultado —advierte— es una economía cada vez más cara en dólares, exportaciones que pierden competitividad, importaciones tentadoras y una dependencia creciente del endeudamiento externo.

En ese marco, el Nobel cuestiona el respaldo de Washington. Lo define como un rescate ideológico: no para salvar a la Argentina, sino para sostener la credibilidad internacional de un modelo de libre mercado radical que tiene en Javier Milei a su principal exponente. El acuerdo, sugiere, funciona más como trofeo político que como solución estructural, y encima debe pasar por el Congreso, donde nada está garantizado.

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