Casi una hora hablando de lo que pocos explican..
qué está pasando de verdad en el #ComercioExterior argentino?
Gracias Gabi Rossini por el espacio. 20 años en esto… y todavía hay mucho para decir.
Casi una hora hablando de lo que pocos explican..
qué está pasando de verdad en el #ComercioExterior argentino?
Gracias Gabi Rossini por el espacio. 20 años en esto… y todavía hay mucho para decir.
El BCRA publicó la
Com A 8417. https://www.bcra.gob.ar/archivos/Pdfs/comytexord/A8417.pdf
El Gobierno está aprovechando un momento de calma cambiaria
—con menor presión sobre el dólar— para introducir flexibilizaciones graduales
sin desordenar el mercado. No es timing casual: es estrategia. Se afloja cuando
hay margen, no cuando hay tensión.
En ese contexto, la A 8417 marca un cambio de lógica. El
BCRA empieza a abandonar el control rígido del flujo de divisas y avanza hacia
un esquema más sofisticado, donde reemplaza obligaciones por incentivos.
La eliminación de la obligación de liquidar exportaciones
para personas humanas (punto 1) y su extensión a servicios (punto 2) rompe con
uno de los pilares históricos del cepo: la apropiación directa de los dólares
del sector privado.
El (punto 3) introduce una segmentación explícita dentro del
régimen de exportaciones cuando el importador sea una sociedad controlada por
el exportador argentino. La norma establece condiciones diferenciales para
aquellos exportadores que no hayan superado los USD 200 millones en el año
calendario previo (punto 3) .
El (punto 4) profundiza esta lógica, pero desde un enfoque
sectorial. Extiende a 365 días el plazo de ingreso y liquidación de divisas
para determinadas exportaciones, identificadas por capítulos específicos de la
Nomenclatura Común del Mercosur (NCM) (punto 4) : Estos capítulos corresponden a sectores
concretos de la economía: cueros y pieles (industria del cuero. Prendas y
complementos de vestir, calzado, sombreros y tocados y partes de reactores) - Al extender el plazo a 365 días, permite que
el exportador administre sus divisas en el tiempo, en lugar de liquidarlas de
manera inmediata.
Ahora bien hay puntos que sigue controlando. El punto 7 permite que una persona transfiera dólares desde su
cuenta local en moneda extranjera a una cuenta propia en el exterior, pero bajo
una condición clave: si lo hace, debe firmar una declaración jurada
comprometiéndose a no usar esos fondos —ni directa ni indirectamente— para
operar dólar financiero (CCL) durante los siguientes 90 días (punto 7.2). La
excepción permite operar en dólar financiero solo si se trata de inversiones en
deuda local o reinversión de cobros en moneda extranjera, siempre que se
cumplan plazos mínimos de permanencia o reinversión (puntos 7.2.1 y 7.2.2).
El punto 7.2 exige una declaración jurada que compromete a
no operar dólar financiero indirecto durante 90 días. Este es el corazón del
esquema. El BCRA no teme perder control en el comercio. Teme perderlo en el
arbitraje financiero.
Por eso, el diseño es este: Afloja en exportaciones (puntos
1 a 4) y Endurece en el canal financiero (punto 7)
En paralelo, aparecen señales de normalización financiera.
Se facilita el acceso al mercado de cambios para pagos de deuda (punto 5), se
eliminan restricciones operativas como adelantos en el exterior con tarjeta
(punto 6) y se flexibilizan condiciones para operaciones con vinculadas (punto
8). Esto apunta a recomponer el funcionamiento del sistema financiero externo.
En síntesis, la A 8417 no es una apertura. Es un rediseño.
El BCRA deja de intentar controlar cada dólar y pasa a controlar los
comportamientos que pueden desestabilizar el sistema. Introduce segmentación
(punto 3), diferenciación sectorial (punto 4) y mantiene un control firme sobre
el arbitraje financiero (punto 7.2).
buen jueves!
Acuerdo Mercosur – UE.
Cinco claves para no quedar afuera
En tres semanas entra en
vigencia el acuerdo Mercosur–Unión Europea, después de casi 20 años de
negociación. Es, sin dudas, uno de los hitos más importantes del bloque desde
su creación: conecta dos regiones que superan los 700 millones de personas y un
PBI de más de USD 22 billones, con el objetivo de reducir aranceles, facilitar
el comercio e integrar cadenas globales de valor.
Querido lector, mucho se
ha dicho sobre beneficios, oportunidades y geopolítica. Pero hay algo mucho más
importante que está pasando por debajo del radar: el acuerdo ya empezó… y el
verdadero partido no se juega en los aranceles.
1. Lo que entra en
vigencia no es todo el acuerdo
Lo que comienza ahora no
es el tratado completo, sino su parte comercial: el llamado acuerdo interino.
¿La razón? Europa todavía
no logra aprobar el acuerdo integral. Francia —junto con Polonia e Irlanda—
cuestiona tanto el contenido como el mecanismo de aprobación. Frente a ese
bloqueo, la Unión Europea recurre a una herramienta que ya utilizó con Canadá,
Japón y Vietnam: avanzar primero con lo que sí puede decidir sola, el capítulo
comercial.
Traducción simple:
mientras la política discute, el comercio avanza. Y el que entienda esto antes,
llega antes.
2. El verdadero filtro no
son los aranceles
Acá está uno de los
errores más comunes: creer que el acceso al mercado depende solo de bajar
aranceles.
El propio acuerdo es
claro: cada parte mantiene sus reglas sanitarias, técnicas y ambientales. Es decir,
los estándares pasan a ser el verdadero filtro del comercio.
Y esto no es menor.
Cumplir con certificaciones, trazabilidad, ensayos o etiquetado puede costar
cerca del 4,7% del valor agregado. Para una gran empresa, es un costo más. Para
muchas PyMEs, directamente puede ser la diferencia entre exportar o mirarlo por
TV. La sustentabilidad deja de ser marketing y pasa a ser barrera de entrada.
En ese contexto, hay dos
normas que cambian las reglas del juego:
El CBAM: desde 2026, los
productos con mayor huella de carbono van a pagar más para entrar a Europa.
El EUDR: exige demostrar,
con coordenadas geográficas, que productos como carne, soja o madera no
provienen de zonas deforestadas después de 2020.
Lo que antes era “valor
agregado”, hoy es requisito técnico. Y al que no lo entienda lo agarra la
motosierra verde.
3. La apertura es real,
pero no es inmediata
El acuerdo crea una zona
de libre comercio, pero no de un día para el otro.
La Unión Europea
eliminará aranceles para el 92% de las exportaciones del Mercosur y dará acceso
preferencial a otro 7,5%. Pero los tiempos importan.
Europa abre más rápido.
El Mercosur, más lento. En algunos sectores sensibles —como el automotor— la
desgravación puede llevar hasta 15 años.
Esto no es un shock, es
un proceso. Y como todo proceso, premia a los que se preparan antes.
4. Los cupos: donde el
que llega primero, gana
Cuando aparecen los
cupos, cambia completamente la lógica.
El acuerdo fija
volúmenes, pero no define en todos los casos cómo se reparten. Establece principios
generales —transparencia y no discriminación—, pero deja la administración en
manos de cada parte.
En algunos productos,
directamente aplica el criterio de orden de llegada. Vehículos, chocolates,
productos de confitería o ciertos quesos europeos funcionan así.
El acuerdo define el
tamaño de la torta. Pero no cómo se reparte dentro del Mercosur.
Y en ese escenario, no
alcanza con ser competitivo: hay que ser rápido.
5. Saber surfear el
acuerdo
Acá es donde se juega la
diferencia. Hay que actuar sobre el Acuerdo Interino publicado por Cancillería.
Exportadores:
Tienen que ir directo al Apéndice 2 A 1 del acuerdo interino y buscar su
posición arancelaria en la Unión Europea. Ahí van a encontrar dos datos clave:
el “tipo básico” (el arancel de partida desde el 1 de mayo de 2026) y la
categoría de desgravación (los años hasta llegar a cero).
Un detalle clave: desde
mayo hasta diciembre de 2026 es “año cero”.
Si la categoría es 0, el arancel cae a cero inmediatamente. Si es 7, el proceso
llevará ocho años.
Si quieren medir la
mejora concreta, pueden comparar con el arancel actual en TARIC. Por ejemplo,
una máquina envasadora paga hoy 1,7%. Desde mayo, ese costo desaparece.
Pero cuidado: si aparece
algo distinto a un número, hay que ir a los anexos (2 A Sección A o B). Ahí
están los tratamientos específicos. Ignorarlos es jugar a ciegas.
Importadores:
Deben hacer el mismo ejercicio, pero en el Apéndice 2 A 2. La lógica es
idéntica, con una diferencia: acá se habla de “categoría de escalonamiento”.
Si aparece, por ejemplo,
un “15”, significa que la apertura será en 16 períodos (incluyendo el año
cero). Si aparece algo como “15V”, hay un régimen especial que hay que buscar
en los anexos.
Traducido: no todos los
productos se abren igual, ni al mismo ritmo. Y ahí está la oportunidad.
Hay consenso en economía
internacional en que el comercio hace que los países, en conjunto, ganen. Pero
eso no significa que las empresas ganen por igual. Eso lo explicó muy bien
Ronald Jones con su teoría de factores específicos: en el corto plazo, hay
sectores que despegan y otros que quedan más expuestos, porque no todos pueden
adaptarse al mismo ritmo.
Llevado al acuerdo
Mercosur–Unión Europea, esto es central. Habrá actividades en Argentina que
encuentren nuevas oportunidades, mientras otras enfrenten más competencia. No
es ideología, es cómo funcionan las economías reales. Uno descorcha y el vecino
se preocupa. Por eso, entender rápido el acuerdo no es un lujo: es una ventaja.
Para un exportador, puede ser la diferencia entre entrar primero a un cupo o
quedarse afuera. Para un importador, anticiparse a mejores condiciones.
En este contexto, el que
se mueve primero corre con ventaja. Porque los factores —la inversión, el
conocimiento, la estructura productiva— no cambian de un día para el otro. Y
ahí está la clave: el comercio abre oportunidades… pero no espera a nadie.
Por eso el fallo del 27 de marzo de 2026 de la Cámara de
Apelaciones de Nueva York importa más de lo que parece. No es solo una noticia
judicial: es un alivio concreto para la economía cotidiana. Porque lo que
estaba en juego era equivalente a casi la mitad de un presupuesto nacional.
Cómo llegamos a este punto
La historia empieza en los 90, cuando YPF se privatiza y su
estatuto establece una regla clave: si alguien toma el control, debe ofrecer
comprarle a todos los accionistas al mismo precio. Esa cláusula buscaba
proteger a los inversores y dar confianza.
En 2012, el Estado argentino decide expropiar la compañía
para recuperar el control energético. La decisión podía tener lógica económica,
pero la ejecución dejó un problema abierto: no se hizo esa oferta a los
accionistas minoritarios. La famosa "OPA".
Ahí aparece el conflicto. El grupo Petersen, que había
comprado acciones financiándose con dividendos, queda sin ingresos cuando esos
pagos se frenan y termina quebrando. Sus derechos son comprados por Burford
Capital, que no era una petrolera, sino un fondo especializado en litigios que apuesta fuerte: paga poco y
busca ganar mucho.
En 2023, la justicia de primera instancia en Estados Unidos
condena a la Argentina a pagar más de USD 16.000 millones, que con intereses
escalan a unos USD 18.000 millones.
Pero ahora la Cámara cambia el eje: sostiene que el estatuto de YPF no es un contrato clásico y que una ley soberana de expropiación está por encima de ese tipo de reglas privadas. Con ese argumento, revoca la condena principal. El resultado: la Argentina, al menos por ahora, se evita un golpe financiero enorme.
Lo que no se ve: costos y lecciones
La buena noticia no borra lo que ya pasó. Este proceso tuvo
costos concretos: unos USD 5.000 millones pagados a Repsol y cerca de USD 1.000
millones en honorarios legales.
Pero hay algo más profundo. Mientras se discutía la
“soberanía energética”, el país pasó de exportar energía a importarla
masivamente. De un superávit de más de USD 6.000 millones se pasó a un déficit
cercano a USD 7.000 millones en pocos años. Se subsidiaba energía cara del
exterior mientras había recursos sin desarrollar en el propio suelo.
En paralelo, el riesgo del juicio funcionaba como una
amenaza constante: si había que pagar USD 18.000 millones, la única salida era
más deuda o más emisión. Y eso, tarde o temprano, se traduce en inflación,
presión sobre el dólar y pérdida de poder adquisitivo.
Por eso este fallo también tiene impacto hacia adelante.
Alivia esa presión, mejora el escenario para inversiones —especialmente en Vaca
Muerta— y elimina una incertidumbre que pesaba sobre la economía.
El caso todavía no está cerrado del todo, porque quedan
instancias posibles como la Corte Suprema de Estados Unidos, aunque con bajas
probabilidades. Pero el mercado ya dio su veredicto: las acciones de Burford
cayeron fuerte tras conocerse la decisión.
En mi opinión, la enseñanza es clara. La decisión
de fondo puede ser discutible o defendible, pero cuando la ejecución falla, el
costo termina siendo mucho mayor. En economía, las formas no son un detalle:
son parte central del resultado.
Transcribo la nota que nos hizo LT10 el viernes pasado, sobre este tema y les dejo el enlace publicado por la emisora.
Una economía "bipolar"
y la caída en la producción Dumont describió la situación actual como una
"economía bipolar". Mientras sectores como el campo (con un
crecimiento del 25,1%), la minería (9,6%) y la energía muestran cifras positivas,
la industria y el comercio sufren caídas del 2,6% y 3,2% respectivamente. Esta
disparidad explica por qué, aunque el PBI haya crecido un 1,9%, la población no
percibe una mejora en su bienestar.
Un dato especialmente preocupante
para el especialista es la fuerte retracción en la importación de bienes de
capital y bienes intermedios (piezas y accesorios para producir), lo que
refleja una pérdida de fuerza en el aparato productivo nacional. En la provincia
de Santa Fe, esta situación es aún más aguda: las importaciones cayeron más de
un 30% en enero, afectando directamente a la segunda provincia exportadora del
país.
El consumo y el desafío del
empleo La caída en las ventas y la actividad comercial no se debe a la
competencia extranjera, sino a la retracción del consumo por la pérdida del
poder adquisitivo de los salarios frente a la inflación. Dumont señaló que el gobierno
busca un cambio de modelo para evitar que el consumidor pague precios excesivos
por productos protegidos, pero reconoció que esta transformación es
"trágica" para quienes pierden su empleo en el proceso, citando el
caso de empresas que dejan de producir localmente para importar, como ocurrió
recientemente en Santo Tomé.
Finalmente, el especialista
destacó la necesidad de que el Estado intervenga en la reinserción y formación
de los trabajadores afectados. Sugirió aplicar el concepto de nudges
(empujones) del Nobel Richard Thaler para facilitar que la población pueda adaptarse
a este nuevo esquema económico a través de capacitación y nuevas herramientas
de formación
La economía argentina arrancó el año con una foto engañosa:
crece, pero renga!! . El #EMAE de enero mostró un +1,9% interanual y +0,4%
mensual, con una tendencia-ciclo de +0,3% que confirma que la recuperación
sigue, pero cada vez más lenta, como un motor que ya no acelera sino que regula
. ¿Qué está pasando? El crecimiento sigue teniendo un nombre propio: agro +
energía/minería. El campo voló +25,1% i.a. y fue el principal motor, acompañado
por minería +9,6%, donde Vaca Muerta empieza a pesar en serio.
Pero del otro lado aparece la Argentina real: comercio -3,2%
e industria -2,6%, es decir, consumo e industria todavía en modo contractivo.
Traducido: la economía crece por lo que exporta, pero no por lo que consume ni
produce puertas adentro. Y esto es clave: la tendencia-ciclo positiva pero baja
muestra que el rebote fuerte ya pasó; ahora entramos en una fase más fina,
donde sin recuperación del consumo y la industria, el crecimiento se vuelve
frágil.
Ahora, comparado con lo que anticipaba Equilibra, el dato
sorprendió para arriba. Ellos esperaban 0% interanual y caída mensual (-0,8%),
con una economía sostenida exclusivamente por el agro y el resto cayendo . ¿Qué
cambió? Que el nivel de actividad no solo no cayó, sino que siguió creciendo, y
además con minería y servicios financieros empujando más de lo previsto. Pero
en el fondo, Equilibra no estaba tan errado en la película estructural: cuando
sacás el agro, la economía sigue débil. De hecho, el propio informe ya
anticipaba eso: sin campo, la actividad caía. Y el EMAE lo confirma
sectorialmente: la matriz de crecimiento sigue extremadamente concentrada.
Entonces, a tu pregunta clave: sí, el campo sigue sosteniendo la actividad…
pero ya no alcanza solo.
Lo más importante hacia adelante: la tendencia-ciclo
positiva indica que no hay recesión en puerta, pero tampoco un boom. Estamos
entrando en una economía de dos velocidades: exportadores (agro, petróleo,
minería) creciendo fuerte vs. mercado interno (comercio e industria) todavía en
deuda. Si esa brecha no se cierra, el 2026 puede terminar siendo un año de
crecimiento… pero con sensación de estancamiento para la mayoría.

Hoy di una charla sobre primeros pasos para exportar junto a
la Municipalidad de Santa Fe, y volví a confirmar algo que repito hace años:
quienes exportan no son las grandes empresas… son las empresas decididas.
Porque exportar no empieza en un mercado, empieza en una decisión. En animarse
a salir, a incomodarse, a competir, a crecer. Y también hay algo más, menos
visible, pero igual de importante. Muchas empresas no exportan solo por razones
económicas o estratégicas. Hay un motor más profundo. En la charla lo llamamos
Dharma: ese propósito que no se ve en los números, pero que empuja a cruzar
fronteras. No alcanza solo con eso, claro. Pero sin eso, muchas veces no
arranca nada. Después de tantos años en esto, sigo viendo lo mismo: cuando hay
decisión y hay propósito, lo demás se aprende, se construye y se logra.
#ComercioExterior
#SantaFeCiudad
#ACICE