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Economía argentina e internacional, comercio exterior y geopolítica. Análisis para entender cómo lo que pasa en el mundo impacta en Argentina, sus empresas y nuestra vida cotidiana.

domingo, 8 de noviembre de 2026

Medios: Caen las compras de bienes para ampliar la capacidad productiva (La Nación)

Medio: La Nación

En una nota publicada por La Nación sobre la evolución del comercio exterior argentino, fui consultado acerca de los factores que explican el crecimiento reciente de las exportaciones. Señalé que estamos observando un cambio en su dinámica: mientras anteriormente el impulso provenía principalmente de mayores volúmenes exportados, en el período analizado el crecimiento estuvo sostenido fundamentalmente por la mejora de los precios internacionales. Esta evolución presenta una oportunidad para la Argentina, pero también plantea un desafío estructural: lograr un crecimiento sostenido de las cantidades exportadas, acompañado de mayor inversión productiva. 

domingo, 11 de octubre de 2026

Participación en el 2do Congreso de Comercio Exterior y Logística Internacional - 16 de octubre de 2026

 

🌎 Mercosur–Unión Europea: ¿qué oportunidades y desafíos se abren para las empresas argentinas?

El próximo viernes 16 de octubre participaré como expositor en el 2.º Congreso de Comercio Exterior y Logística Internacional, que se realizará en Gualeguaychú, Entre Ríos.

Mi conferencia estará dedicada al impacto del Acuerdo Mercosur–Unión Europea en las empresas de nuestra región y en particular, las entrerrianas.

Más allá de los anuncios y las negociaciones internacionales, hay preguntas que considero fundamentales:

🔹 ¿Qué oportunidades concretas pueden abrirse para nuestras empresas?

🔹 ¿Qué sectores podrían beneficiarse y cuáles enfrentarán mayores desafíos competitivos?🔹 ¿Cómo prepararnos para un escenario de mayor integración comercial?

Porque los acuerdos comerciales no generan competitividad por sí solos. Son las empresas, con sus decisiones de inversión, innovación y estrategia, las que pueden transformar esas oportunidades en crecimiento.

Será un gusto compartir este espacio con destacados especialistas en economía, geopolítica, comercio exterior y logística internacional.

📍 Centro de Convenciones Malvinas Argentinas, Gualeguaychú.

📅 Viernes 16 de octubre de 2026.

🕙 Mi exposición: 10:00 h.

Agradezco a los organizadores por la invitación y por generar estos espacios de encuentro entre el conocimiento y el sector productivo.

#Economía #ComercioExterior #Mercosur #UniónEuropea #Empresas #Gualeguaychú


Presentes en 14° Edición Semana Comex 2026!!

🌎 Mercosur–Unión Europea: ¿una oportunidad histórica para nuestras empresas?
El pasado jueves tuvimos el gusto de participar, junto a Andrés Millen, de la 14.ª edición de #SemanaComex, en Santa Fe Capital.
Bajo el título “El Acuerdo Mercosur–Unión Europea ya llegó. ¿Y ahora qué?”, compartimos nuestra mirada sobre uno de los grandes desafíos del comercio exterior argentino: transformar las oportunidades internacionales en crecimiento para nuestras empresas.
Fue un placer participar de este espacio de intercambio y reflexión, junto a empresarios y profesionales del sector.
👏 ¡Gracias a los organizadores de Semana Comex por la invitación!




domingo, 27 de septiembre de 2026

Columna El Cronista 27.09.2026 - Tax Free: un viaje sobre la doble personalidad fiscal del turista

 

Aeropuerto de Madrid, hora pico. Un turista con el pasaporte en una mano y una bolsa de marca en la otra hace fila frente a una pantalla táctil. Escanea un código de barras, espera unos segundos y aparece el mensaje que todos quieren leer: el formulario está sellado y el IVA puede ser reembolsado. Días antes, ese viajero había pagado en su hotel de Ámsterdam una tasa municipal del 12,5% sobre la habitación. Mismo turista, mismo viaje, dos lógicas opuestas: un Estado que le devuelve impuestos para que gaste y una ciudad que le cobra por quedarse.

El Tax Free es un mecanismo por el cual los bienes que compra un no residente, y que no se consumen en el país de compra, terminan libres de IVA. A diferencia del duty free, que también exime de impuestos especiales y vive en los aeropuertos, alcanza solo al IVA y funciona en cualquier comercio adherido. El turista paga el precio completo y después recupera el impuesto.

El fundamento es más sólido de lo que parece. El IVA es un impuesto al consumo, y el consumo tiene domicilio: se grava donde el bien se usa, no donde se compra. Es el llamado principio de tributación en destino, que las reglas de la OMC y las guías de la OCDE consagran como norma general. Por eso las exportaciones salen sin IVA. Visto así, el turista que se lleva una campera en la valija es un exportador en miniatura cuyo contenedor tiene rueditas. Cobrarle el IVA sería gravar un consumo que ocurrirá en otra jurisdicción.

Pero los gobiernos no lo sostienen solo por pureza tributaria. En su análisis comparado, Tingting Wang y Miranda Stewart ("The Law and Policy of VAT Tourist Tax Refund Schemes: A Comparative Analysis", 2021) identifican tres justificaciones: el principio de destino, la equidad y, muy especialmente, el incentivo al turismo. Quien compra un bolso caro compara París, Milán y Londres como un importador compara proveedores, y un 20% pesa. Los autores citan evidencia favorable: una prueba piloto en China estimó que cada yuan de IVA devuelto generaba 1,8 yuanes de ganancia y otros 4 en actividades relacionadas, y en Tailandia el gasto en compras de los extranjeros creció tras implementar el reintegro.

¿Cómo funciona en la práctica? El recorrido típico tiene cuatro estaciones. Primero, la compra en un comercio adherido, donde el turista acredita con su pasaporte que reside fuera de la jurisdicción. Segundo, la emisión de la documentación Tax Free (en España, un documento electrónico del sistema DIVA de aduana). Tercero, la validación aduanera: al salir, el viajero muestra facturas, pasaporte, tarjeta de embarque y, sobre todo, los bienes, en su equipaje de mano. El folleto oficial español lo resume sin anestesia: sin mercancías no hay visado. Cuarto, la devolución, que hace el propio comercio o un operador privado como Global Blue o Planet, entre otros.

Aquí aparece un detalle que muchos turistas descubren tarde: la Aduana valida la exportación, pero no necesariamente paga el reintegro. Es el escribano que certifica que la mercadería salió, no el cajero que entrega el dinero. Y el cajero cobra. Global Blue reconoce una comisión promedio cercana al 30% del IVA recuperado en la Unión Europea, y otras estimaciones ubican a los grandes jugadores entre el 25% y el 35%, más en devoluciones chicas o en efectivo. Resultado: con un IVA nominal del 20% o 21%, el turista termina recuperando algo así como el 10% al 14% del precio. El impuesto se devuelve, pero llega con peaje.

El sistema, además, dista de ser uniforme. Wang y Stewart contabilizaron 63 países con algún régimen de este tipo, apenas un tercio de los que aplican IVA; Argentina figura en la lista. En la Unión Europea es obligatorio por la Directiva 2006/112/CE: las compras deben superar como máximo 175 euros y los bienes deben salir antes de que termine el tercer mes posterior a la compra. Pero cada país puede fijar un umbral menor, y ahí empieza la diversidad. España eliminó el mínimo en 2018; Australia exige 300 dólares australianos, uno de los pisos más altos del mundo; Singapur permite sumar hasta tres facturas del mismo día y del mismo comercio.  Argentina, por cierto tiene un mínimo de $70 (RG 5843/2026). En la mayor parte de Europa compiten operadores privados; Australia o Tailandia lo administran desde el Estado. Corea del Sur automatizó casi todo; otros aún conviven con el papel y el sello.

Hay rarezas simpáticas. En España, al no haber compra mínima, técnicamente podría tramitarse la devolución de un imán de heladera, aunque la comisión se coma el premio. Dentro de la Unión, manda el último país de salida: quien compra en Madrid y en París y vuelve a casa desde Roma debe validar todo en Italia, y los documentos españoles no se sellan en España. Y una misma oficina aeroportuaria puede procesar formularios de operadores competidores. En España, además, el viajero puede pedir la devolución directamente al comercio, que tiene 15 días para pagarla, lo que puede permitir recuperar más que por vía de un intermediario.

Ahora bien, el Tax Free también tiene su lado incómodo, y el Reino Unido es el mejor laboratorio. Tras el Brexit, el gobierno británico eliminó su régimen para Gran Bretaña en 2021. Según el informe de la House of Commons Library, el Tesoro argumentó que extenderlo a los visitantes europeos generaría una enorme pérdida irrecuperable (el famoso deadweight loss) por subsidiar un gasto que ya ocurría sin reintegro. Es el talón de Aquiles de todo incentivo: devolver impuestos por compras que se habrían hecho igual. Como escribió un académico a propósito de la eliminación del régimen canadiense, muchos incentivos pagan a los contribuyentes por hacer lo que de todos modos iban a hacer.

Los números explican por qué el debate no se cierra. En 2019 se habían devuelto 500 millones de libras. La OBR (Oficina de Responsabilidad Presupuestaria) estimó un ahorro de unos 400 millones anuales, que se reducía cerca de un cuarto por los turistas que dejarían de llegar. En 2022 el gobierno de Liz Truss anunció su regreso, con un costo de 2.000 millones de libras anuales, y semanas después se archivó. Estudios difundidos por la industria hablan de pérdidas de PBI de varios miles de millones, pero la biblioteca parlamentaria advierte que la evidencia no es concluyente. La pregunta de fondo sigue abierta: ¿cuánto gasto adicional genera cada libra, euro o dólar de IVA resignado?

Hay más costos: la administración, que Londres juzgó engorrosa; el fraude (en Australia, la auditoría oficial estimó abusos por hasta 557 millones de dólares australianos en 19 años, muchos cometidos por residentes); la regresividad, porque el beneficio crece con el ticket y se lo lleva sobre todo el turista más rico; y la captura, porque parte del reintegro queda en manos de intermediarios.

Aquí aparece el contraste más interesante. Mientras muchos países devuelven IVA para atraer el gasto del visitante, buena parte de Europa le cobra, al mismo tiempo, un impuesto por dormir en el destino. Las tasas turísticas o city taxes se justifican por los costos que el turismo impone sobre calles, transporte, recolección de residuos, patrimonio y ambiente, con una lógica similar a "quien contamina paga", según el informe OECD Tourism Trends and Policies 2026. En ciudades desbordadas por el overtourism, además, sirven para gestionar la congestión. Chile ofrece una síntesis casi perfecta del dilema: según la OCDE, su proyecto de reactivación turística incluye a la vez devolución de IVA a turistas extranjeros y una tasa de alojamiento del 1,25%.

¿Es una contradicción? No necesariamente. Son dos instrumentos con objetivos distintos: el Tax Free evita gravar un consumo que ocurre afuera; la tasa turística intenta que el visitante pague por los servicios que usa adentro. Pueden convivir, como conviven el acelerador y el freno de tu auto. El problema aparece cuando se aprietan los dos a fondo y nadie mira el tablero, es decir, la carga fiscal total.

Ámsterdam es el caso testigo. Según el informe de HOTREC "Impact of Taxation on the Hospitality Sector" (2025), la ciudad recibe más de 20 millones de turistas por año con apenas 900.000 habitantes. Desde 2024 cobra el 12,5% del precio de la habitación, la tasa más alta de Europa, que sigue vigente en 2026. A eso se sumó este año la suba del IVA nacional sobre el alojamiento del 9% al 21%, con lo que la carga combinada ronda el 33,5%. La tasa aporta cerca del 12% de los recursos propios del municipio, pero financia gastos generales, no turismo. Como señalan Jaume Rosselló-Nadal y María Sard en la revista Tourism Management, gravar al turista es tentador porque significa cobrarles a quienes nunca te van a votar.

No hay evidencia para afirmar que todas estas tasas sean excesivas. La propia OCDE señala que su impacto sobre la demanda suele ser marginal, y en Manchester la introducción de una tasa no tuvo efectos significativos sobre el desempeño hotelero. En Ámsterdam el turismo siguió creciendo tras la suba, aunque según HOTREC los hoteles absorbieron la mayor parte del golpe. El debate aparece cuando la carga se vuelve elevada, se acumula con el IVA y otros tributos, o cuando la recaudación no vuelve claramente al turismo ni a los costos que pretende compensar. Ahí la pregunta es inevitable: ¿en qué punto una contribución razonable se transforma en un factor que erosiona la competitividad del destino?

Al final, el turista tiene doble personalidad fiscal. Es un consumidor al que algunos países cortejan con devoluciones de IVA y un usuario de infraestructura al que otros destinos le pasan la cuenta de la basura, el subte y los adoquines. Ninguna mirada es equivocada en sí misma; lo que suele faltar es coherencia: saber cuánto se le devuelve con una mano y cuánto se le cobra con la otra. La pregunta que deja este recorrido no tiene una respuesta ideológica, sino técnica y política a la vez: ¿cuál es el punto de equilibrio entre atraer al turista, lograr que gaste y, al mismo tiempo, cobrarle lo justo por los costos que genera?.

jueves, 20 de agosto de 2026

El superávit comercial ya no lo explica solo la soja (ICA Julio 2026). Nuestro informe



El INDEC publicó este 20 de agosto el Intercambio Comercial Argentino de julio: exportaciones por USD 8.854 millones (+14,1% interanual), importaciones por USD 6.739 millones (-1,7%) y un superávit de USD 2.115 millones, el trigésimo segundo mes consecutivo en terreno positivo. En el acumulado del año el saldo llega a USD 16.080 millones, más de cuatro veces el de igual período de 2025.

Hasta ahí, el resumen ejecutivo que cualquiera puede leer en la web del organismo. Pero los cuadros técnicos que acompañan al informe —los que casi nadie procesa hasta el final— cuentan una historia distinta a la que domina el debate público. El rubro que más dólares nuevos aportó a las exportaciones este año no fue la energía, como sugiere el sentido común post-Vaca Muerta, sino las "manufacturas de origen industrial". Solo que buena parte de ese crecimiento no es industria: es litio y oro clasificados bajo ese rótulo, y Santa Cruz ya exporta más "manufactura industrial" que Córdoba y Santa Fe juntas. Al mismo tiempo, el complejo sojero —el histórico motor cambiario del país— cierra el semestre con menos dólares netos que el año pasado.

A continuación, el análisis completo con los datos que sostienen cada afirmación y su comparación con el acumulado de 2025:

https://docs.google.com/document/d/1SJyxwlBUpZ-CSNidcVkdCSlsoBlTBw4S/edit?usp=sharing&ouid=100808015795868424076&rtpof=true&sd=true


jueves, 6 de agosto de 2026

Columna en El Cronista 06.08.2026 - Dólar tarjeta: qué hay detrás de la hojarasca que el Gobierno no barre

Columna publicada en el día de hoy en El Cronista

 

 
Existe en la Argentina una ley que todavía obliga a certificar el año de nacimiento y la matrícula de las palomas mensajeras de carrera. Hay otra que autoriza —por las dudas, no vaya a ser— las emisiones de televisión en color. Y una tercera que exige un carnet para andar a dedo por la ruta. Nadie las usa, no le molestan a nadie, pero siguen ahí, juntando polvo en el Boletín Oficial como hojas secas que el otoño dejó pegadas a la rama.

A ese follaje muerto el Gobierno le declaró la guerra. El Ministerio de Desregulación que conduce Federico Sturzenegger bautizó “Ley Hojarasca” al proyecto que en mayo de 2026 obtuvo media sanción en Diputados y que propone derogar alrededor de setenta leyes y decretos sancionados entre 1864 y 2015. La idea es tan simple como saludable: el país acumuló, capa sobre capa, un mantillo de normas obsoletas, redundantes o superadas por el paso del tiempo, y ese mantillo genera costos, burocracia y trabas. Rastrillar el jardín, sacar la hojarasca, dejar respirar el pasto. Difícil estar en contra.

Pero hay un detalle que conviene decir con todas las letras. Mientras el rastrillo entra con energía en el jardín del Congreso, en el propio patio del Poder Ejecutivo quedó una hoja seca que nadie se anima a barrer. Se llama Resolución General 5617 y es la norma que sostiene el famoso “dólar tarjeta”: esa percepción del 30% que aparece, mes a mes, en el resumen de cualquiera que pague una suscripción de streaming, saque un pasaje al exterior o compre en un sitio de afuera. Lo curioso es que la 5617 encaja, punto por punto, en la definición de aquello que la Ley Hojarasca dice querer eliminar.

Repasemos su partida de nacimiento, porque ahí está todo. La resolución se firmó el 18 de diciembre de 2024, apenas cuatro días antes de que caducara el Impuesto PAIS. Su antecesora, la RG 4815, colgaba enteramente de aquel tributo de la Ley 27.541. Cuando el PAIS se apagó el 22 de diciembre, el régimen de percepción quedaba, técnicamente, huérfano. La 5617 fue el instrumento para evitar esa orfandad, y lo dice sin ruborizarse: sus propios considerandos reconocen que el fin del PAIS “obliga a la adecuación de la técnica legislativa” y que se dicta un “nuevo texto ordenado” para “preservar la continuidad y el alcance” de la percepción. Dicho en criollo: no nació para nada nuevo. Nació para que algo que se moría siguiera cobrándose bajo otro nombre. Vino al mundo, literalmente, como hoja seca.

Es la vieja historia argentina, esa que como suele atribuirse a Milton Friedman podría resumirse en que no hay nada tan permanente como un impuesto transitorio. Lo transitorio echa raíces, se naturaliza, y un buen día ya nadie recuerda por qué está.

Hasta acá podría ser una discusión de caja discutible pero comprensible. Lo que vuelve a la 5617 un caso de manual es lo que pasó cuatro meses después. El 11 de abril de 2025, mediante la Comunicación “A” 8226, el Banco Central levantó el cepo cambiario para las personas humanas: desde el 14 de abril cualquiera podía volver a comprar dólares en el mercado oficial, sin el tope de los US$200 y —acá está la clave— sin percepción alguna sobre la compra para atesoramiento. Ahora bien, el artículo 1°, inciso a) de la 5617 grava exactamente eso que dejó de aplicarse: la compra de billetes y divisas “para atesoramiento o sin un destino específico”. Es decir, la resolución todavía lleva escrito en el cuerpo un supuesto que la propia política cambiaria del Gobierno vació de sentido. Una hoja seca dentro de la hoja seca. Texto muerto que nadie se tomó el trabajo de barrer.

¿Y qué hizo el Ejecutivo frente a esa incoherencia? No la derogó ni la limpió: la fue parchando. La RG 5672/25 sustituyó incisos, derogó otros y cambió cuadros; la RG 5677/25 sumó nuevas excepciones. En lugar de rastrillar la hoja, le pegaron cinta y la dejaron colgando. Y así una norma que perdió a su tributo madre y buena parte de su objeto original sigue ramificándose hacia los costados, cada vez más frondosa y menos legible.

¿Por qué sobrevive, entonces? La respuesta, como casi siempre en la Argentina, está menos en el derecho que en la caja. Los números explican la resistencia. Según datos oficiales a los que accedió El Cronista,  entre enero y abril de 2026 la percepción de Ganancias aportó $527.859 millones y la de Bienes Personales $34.668 millones, esta última nada menos que el 14,7% de todo lo que ese tributo recaudó en el cuatrimestre. No es una propina. Es un caño que colabora con el superávit fiscal, y ningún gobierno que hizo del equilibrio de las cuentas su bandera resigna semejante flujo sin pelear.

Pero hay una arista que las otras miradas suelen pasar de largo, y es la más incómoda. La 5617 se presenta como un régimen de percepción, un pago a cuenta de Ganancias o Bienes Personales. En la teoría, quien la sufre la recupera. En la práctica, para el enorme universo de monotributistas y de personas no alcanzadas por esos impuestos, ese 30% no es anticipo de nada: es costo puro. La devolución existe, sí, pero llega tarde, exige clave fiscal, CBU y paciencia, y se licúa con la inflación mientras se tramita. Lo que en el manual es un “pago a cuenta”, en la vida real de millones funciona como un impuesto encubierto, cobrado en la fuente y de recupero cuesta arriba. La percepción que se disfraza de crédito y termina siendo peaje.

Y por si el laberinto fuera poco, la propia norma dejó abierta su vía de escape, y ahí el sinsentido se vuelve directamente teatro. Cualquier persona física que quiera esquivar el 30% puede hacerlo con una coreografía ya conocida: pide el stop debit en el banco, entra al home banking, compra dólar ahorro al oficial y con esos mismos billetes cancela el consumo en dólares de la tarjeta. Listo, no paga la percepción. Es decir, el mismo Estado que impuso el recargo dejó la ventana abierta para no cobrarlo, a condición de conocer el truco, tener caja de ahorro en dólares y dedicarle el rato. Un circo perfecto: el que sabe se lo ahorra, el que no sabe lo paga, y en el medio sólo queda burocracia pura —dos operaciones bancarias para neutralizar un tributo que, se supone, ni siquiera es un tributo—. Con eso no se genera un solo dólar genuino ni una sola estadística útil: es esfuerzo social quemado en barrer a mano una hoja que debería haberse caído sola.

Y ahí aparece la contradicción de fondo. Un Gobierno que quiere quemar leyes de palomas y de televisión en color por estar “superadas por el paso del tiempo” mantiene, por decisión propia y sin necesidad de pasar por el Congreso, una resolución que perdió a su tributo madre, que conserva letra muerta sobre un cepo que él mismo levantó y que sobrevive a la liberalización que él mismo celebró como un hito. La Ley Hojarasca es una gran idea. Sería una idea mucho mejor si el rastrillo, alguna vez, también cruzara la puerta del propio patio.

Porque depurar el ordenamiento no es solo prolijidad jurídica: es coherencia. No se puede predicar la poda de la hojarasca ajena mientras se riega la propia. El día que la 5617 se derogue —o al menos se le saque el texto que ya no rige y se le ponga fecha de vencimiento al dólar tarjeta— la Argentina no habrá perdido una caja. Habrá empezado a alinear la letra chica con el discurso. Y habrá aprendido, por fin, que el otoño no se termina de barrer hasta que uno mira debajo del propio escritorio.

 


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