En el caso de Javier Milei, el mensaje en la apertura del144° período de Sesiones Ordinarias tiene una particularidad adicional. No se
trata solo de un balance, sino de una definición de modelo. En sus palabras se
condensan las reformas que ya impulsa, las que enviará al Congreso y la
concepción de inserción internacional que busca consolidar.
Leerlo con atención no es un ejercicio académico: es una
forma de entender hacia dónde puede dirigirse el país en los próximos años.
Porque, guste o no, el rumbo que marque el Poder Ejecutivo hoy condicionará
nuestro destino al menos hasta diciembre de 2027.
A continuación, los principales pasajes vinculados al
comercio exterior y la inserción internacional, ordenados por tema y respetando
textualmente sus palabras:
Sobre el Acuerdo MERCOSUR-Unión Europea
Esta semana nos convertimos en el primer país de la región
en promulgar el acuerdo Mercosur–Unión Europea. Detrás de este avance se
encuentra nuestra convicción de que el comercio, por su efecto en la
competencia, deriva en una elevación de la calidad de vida, ya que es lo que
nos permite acceder a bienes de mayor calidad a un mejor precio.
Sobre el Acuerdo de Argentina con Estados Unidos
logramos un acuerdo comercial con Estados Unidos luego de 21
años de aquel famoso autosabotaje que trágicamente ha sido festejado por
nuestra dirigencia. Aún resuena en nuestras mentes la voz de Hugo Chávez
diciendo: “ALCA, ALCA, al carajo”, y después nos quieren convencer de que no
nos llevan a Cuba, camino a ser Venezuela, también en el medio.
Sobre las regulaciones sobre las importaciones del gobierno anterior
También el Estado estaba tomado por una telaraña
inescrutable de regulaciones, que sofocaban el libre mercado; y detrás de cada
una de ellas, había alguien robándole al argentino con sobrecostos, servicios
forzados o multas irrisorias. Algunos casos tan alevosos como el sistema de
licencias para importación, a través del cual los amigos del poder podían tener
un negocio rentable importando al tipo de cambio oficial y vendiendo al
paralelo. Es por eso que no sorprende que haya personas siniestras, y algunos de
ellos golpistas, que, en nombre de la defensa de la industria nacional, bajo la
pátina de un nacionalismo de pacotilla, defiendan el proteccionismo y el
control de capitales, con su consecuente brecha cambiaria. Esto es, abrazar la
bandera argentina con la única intención de robar a los argentinos de bien.
hemos desarticulado el siniestro sistema de licencias para
las importaciones gracias a la eliminación de las SIRAs, la ampliación del
courier y la baja de aranceles.
(pudimos avanzar con) la eliminación de impuestos, como el
impuesto PAIS, retenciones a las economías regionales y distintas cadenas
productivas. Redujimos también percepciones de IVA y de Ganancias a
importaciones de bienes básicos, aranceles a ropa, telas, electrodomésticos,
neumáticos, motos, insumos industriales, fertilizantes, herbicidas y productos
electrónicos.
Bajamos impuestos internos a autos y motos, aranceles para
autos híbridos y eléctricos, aranceles a celulares e impuestos internos, a
productos electrónicos y el impuesto interno al seguro. Ahora solo falta que
las provincias y los municipios hagan su parte, por lo cual hemos facilitado
una herramienta para denunciar tasas excesivas, chequeándolo en una página.
Sobre las reformas pendientes
tenemos que reformar nuestro esquema impositivo. Como tantas
veces hemos dicho, necesitamos menores impuestos, porque el sistema tributario
tiene que servir al crecimiento; no al recaudador de turno. Para galvanizar
todas estas reformas, vamos a seguir profundizando en materia de apertura
económica y de acuerdos comerciales. Ratificaremos el acuerdo con los Estados
Unidos, así como lo hicimos con la Unión Europea. Reformaremos el Código
Aduanero para adecuarlo a nuestros nuevos desafíos. Y también nos integraremos
a los tratados internacionales necesarios, porque debemos sentarnos en la mesa
del comercio internacional, hasta ser tan relevantes que nuestros intereses no
puedan ser desoídos.
cada uno de los ministerios ha preparado 10 paquetes de
reformas estructurales, por lo que todos los meses presentaremos un paquete de
proyectos a ser tratados por este Congreso, correspondientes a las verticales
de cambio que hemos explicado hoy. Esto constituirá el año calendario de la
reforma: nueve meses ininterrumpidos de reformas estructurales que van a
rediseñar la arquitectura institucional de la Nueva Argentina.
Sobre la inserción internacional de Argentina
Y en materia internacional, toda esta estructura política no
sirvió para tener relación comercial alguna que le abra mercados a los
argentinos. Estábamos aislados, solos y temerosos del resto del mundo;
el tercer pilar del crecimiento viene de la mano de la
apertura comercial. Desde hace casi un siglo, Argentina está atrapada en la
trampa del fetiche industrialista. Nos dijeron que la única forma de generar
empleo era sostener un esquema industrial fuertemente subsidiado. Nos dijeron
que solo podíamos crecer si vivíamos con lo nuestro. Para tener este relato, se
impidió activamente el desarrollo del agro y de las economías regionales con
las retenciones, al tiempo que se limitaba el comercio con todo tipo de
restricciones a las importaciones, que encarecieron todos los insumos
industriales locales. Y como si todo esto fuera poco, no debemos dejar de sumar
una carga tributaria estratosférica, que ha hecho imposible casi todo tipo de
inversión. Sin embargo, tras décadas de protección, obtuvimos una industria
pequeña, cara, dependiente del subsidio, y con salarios en dólares raquíticos.
Se habla de apertura indiscriminada, mientras que, cuando se
mira el coeficiente de apertura del comercio exterior, Argentina es el país más
cerrado del mundo por lejos para su nivel de PBI. Lo pueden ver en lo que es el
Consejo de Mayo. No solo eso: en el ranking de apertura del Banco Mundial, la
Argentina está en el puesto 178 de 179 países. ¿De qué apertura indiscriminada
me hablan? Están hablando de defender los privilegios de los cazadores del
zoológico.
cuando uno abre la economía, eso permite a los consumidores
el ingreso de bienes de mejor calidad y a menor precio. Obviamente, si la
empresa local no puede competir, quiebra y despide gente. Sin embargo, eso es
una parte de la historia. La otra parte es que ahora el consumidor ahorra
dinero al comprar el bien importado y ese dinero lo utilizará para comprar
otros bienes, generando así puestos de trabajo en otro sector de la economía,
el cual es más productivo y, por ende, podrá pagar mayores salarios. En
definitiva, suben los salarios y los precios son más bajos, se consume más y el
bienestar aumenta. Ganan 48 millones de argentinos y pierden unos pocos: los
empresarios que son ineficientes y los políticos corruptos. Salvo para este
grupo de poder, el resto, todos ganan.
Nuestro planteo de apertura comercial se basa en un
fundamento moral que señala que coartar la libertad está mal, robar está mal y
la corrupción está mal. Además, nuestra política promueve la eficiencia, por lo
que implica mayores salarios y menores precios, más consumo tanto presente como
futuro y, por ende, mayor bienestar.
La era de la cooperación global sin brújula moral ha
terminado. Entramos a una nueva era de grandes naciones que compiten por
asegurarse cadenas de valor verticales. Y en este mundo, cada vez más, partirán
las aguas entre las naciones libres y las naciones sometidas.
En este nuevo mundo, los dos capitales más importantes que
puede tener una Nación son sus recursos y su ubicación. Argentina tiene los
dos. Pero nuestra ventaja no es solo de recursos. Es de acoplamiento. Cuando
hablo de capital humano hablo de la gente…. Tenemos los minerales críticos que
necesita Occidente, tenemos la energía: gas, petróleo, energía nuclear y
energía renovable para abastecer cadenas de producción de escala. Tenemos
tierra, agua y capacidad agroindustrial para garantizar la seguridad alimentaria
del hemisferio. Y tenemos la ubicación: el extremo sur del continente, con
salida a los dos océanos y presencia en la Antártida. Somos un eslabón natural
de la cadena de valor estratégica de Occidente.
Como Gobierno, hemos tenido un gran acierto: fuimos los
primeros de la región en plantar bandera. La Argentina ya dejó pasar dos veces
el tren de la historia. En la Segunda Guerra Mundial, nuestra neutralidad nos
costó décadas de marginalidad; con el no al ALCA nos quedamos afuera del mayor
ciclo de expansión económica en la historia humana. Mientras tanto,
implementamos el régimen más antiexportador del planeta. Hoy tenemos un 30% de
comercio exterior sobre el PBI, cuando deberíamos tener uno del triple, cerca
del 93%. Son números de vergüenza, y no nos puede volver a pasar.
en cinco años, el complejo energético por sí solo estará
exportando unos 50.000 millones de dólares. Esto no es una esperanza, ya es una
realidad. El Gran Neuquén, en pocos años, será otra de las metrópolis
argentinas. Y quiero decirles que ya muchas otras ciudades cuentan con el mismo
potencial. La minería se despegará por toda la Cordillera, generando cientos de
miles de puestos de trabajo… De hecho, si no fuera por cavernícolas como
ustedes, e hiciéramos las cosas, no como una gran hazaña, sino como la hace
Chile, la cordillera nos daría 1,000,000 de puestos de trabajo reales; no cosas
inventadas en el sector público para tapar las atrocidades en materia de
empleo.
La energía barata es el insumo transversal que cambia la
ecuación de localización industrial. Donde hay energía abundante y barata, se
instala la industria pesada. Veremos crecer la petroquímica, la siderúrgica, el
aluminio --pero no el del tongo--, la producción de hidrógeno, el procesamiento
de litio y minerales críticos. Y veremos data centers y capacidad de cómputo
instalarse en la Patagonia, donde el frío natural y la energía implican y crean
condiciones únicas para la infraestructura de la Inteligencia Artificial. Digo,
al margen del capital humano enorme que tenemos para responder a esa demanda.
El sector agropecuario también tendrá su revolución.
Estamos en condiciones de producir 300 millones de toneladas de grano,
duplicando la producción actual. Para ello daremos un régimen de derecho de
propiedad a los innovadores en semillas; continuaremos el sendero de baja de
retenciones de forma responsable, y solo en la medida que el superávit fiscal
lo permita.
No podemos aceptar que nuestros rindes en Chaco sean de 600
kilos de algodón por hectárea, cuando en Brasil son de 1.400. Tampoco podemos
permitir que Brasil triplique su producción de soja usando semillas con
tecnología argentina, hecha por empresas argentinas, que no se pueden vender en
Argentina.

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