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Soy Contador Público Nacional (UNL), Especialista en Comercio Exterior (UNR), Magíster en Economía Aplicada (Universidad Austral) y Despachante de Aduana. Me desempeño como inversor profesional (ICB) y soy titular de DMF Comercio Exterior. Escribí tres libros que buscan, sobre todo, insertar personas y empresas en la exportación: Teoría y Práctica de la Exportación por Cuenta y Orden de Terceros (Ed. Librería Cívica, 2013). Comercio Exterior para No Especialistas (Ed. Tarifar, 2015). Exportación por Cuenta y Orden de Terceros: lo que necesitás saber (Ed. Tarifar, 2020). Combino mi trabajo profesional con la docencia en carreras de grado y posgrado en universidades nacionales, además de seminarios en instituciones intermedias de todo el país y capacitaciones in company para empresas. Participo habitualmente en medios de comunicación con columnas especializadas; actualmente soy columnista en El Cronista (ex La Nación). Vivo mi trabajo como una pasión, aunque lo más importante siempre está fuera de él. Mi frase preferida: “Nunca te des por vencido, porque si lo hacés, viene un chino y te mete en la góndola de los lácteos.” ¡Bienvenidos! 📘 Blog de Comercio Exterior: www.diegodumont.blogspot.com 🐦 Twitter/X: @diego_dumont

martes, 3 de marzo de 2026

Milei ante el Congreso: el rumbo del comercio exterior argentino hasta 2027.

Como cada año,  el Presidente cumple con una obligación constitucional que no es meramente protocolar. El artículo 99 inciso 8 de la Constitución Nacional establece que debe abrir las sesiones ordinarias del Congreso “dando cuenta del estado de la Nación” y recomendando las medidas que juzgue necesarias. No es un discurso más: es la hoja de ruta política, económica e institucional del año.

En el caso de Javier Milei, el mensaje en la apertura del144° período de Sesiones Ordinarias tiene una particularidad adicional. No se trata solo de un balance, sino de una definición de modelo. En sus palabras se condensan las reformas que ya impulsa, las que enviará al Congreso y la concepción de inserción internacional que busca consolidar.

Leerlo con atención no es un ejercicio académico: es una forma de entender hacia dónde puede dirigirse el país en los próximos años. Porque, guste o no, el rumbo que marque el Poder Ejecutivo hoy condicionará nuestro destino al menos hasta diciembre de 2027.

A continuación, los principales pasajes vinculados al comercio exterior y la inserción internacional, ordenados por tema y respetando textualmente sus palabras:


Sobre el Acuerdo MERCOSUR-Unión Europea

Esta semana nos convertimos en el primer país de la región en promulgar el acuerdo Mercosur–Unión Europea. Detrás de este avance se encuentra nuestra convicción de que el comercio, por su efecto en la competencia, deriva en una elevación de la calidad de vida, ya que es lo que nos permite acceder a bienes de mayor calidad a un mejor precio.

Sobre el Acuerdo de Argentina con Estados Unidos

logramos un acuerdo comercial con Estados Unidos luego de 21 años de aquel famoso autosabotaje que trágicamente ha sido festejado por nuestra dirigencia. Aún resuena en nuestras mentes la voz de Hugo Chávez diciendo: “ALCA, ALCA, al carajo”, y después nos quieren convencer de que no nos llevan a Cuba, camino a ser Venezuela, también en el medio.

Sobre las regulaciones sobre las importaciones del  gobierno anterior

También el Estado estaba tomado por una telaraña inescrutable de regulaciones, que sofocaban el libre mercado; y detrás de cada una de ellas, había alguien robándole al argentino con sobrecostos, servicios forzados o multas irrisorias. Algunos casos tan alevosos como el sistema de licencias para importación, a través del cual los amigos del poder podían tener un negocio rentable importando al tipo de cambio oficial y vendiendo al paralelo. Es por eso que no sorprende que haya personas siniestras, y algunos de ellos golpistas, que, en nombre de la defensa de la industria nacional, bajo la pátina de un nacionalismo de pacotilla, defiendan el proteccionismo y el control de capitales, con su consecuente brecha cambiaria. Esto es, abrazar la bandera argentina con la única intención de robar a los argentinos de bien.

hemos desarticulado el siniestro sistema de licencias para las importaciones gracias a la eliminación de las SIRAs, la ampliación del courier y la baja de aranceles.

(pudimos avanzar con) la eliminación de impuestos, como el impuesto PAIS, retenciones a las economías regionales y distintas cadenas productivas. Redujimos también percepciones de IVA y de Ganancias a importaciones de bienes básicos, aranceles a ropa, telas, electrodomésticos, neumáticos, motos, insumos industriales, fertilizantes, herbicidas y productos electrónicos.

Bajamos impuestos internos a autos y motos, aranceles para autos híbridos y eléctricos, aranceles a celulares e impuestos internos, a productos electrónicos y el impuesto interno al seguro. Ahora solo falta que las provincias y los municipios hagan su parte, por lo cual hemos facilitado una herramienta para denunciar tasas excesivas, chequeándolo en una página.

Sobre las reformas pendientes

tenemos que reformar nuestro esquema impositivo. Como tantas veces hemos dicho, necesitamos menores impuestos, porque el sistema tributario tiene que servir al crecimiento; no al recaudador de turno. Para galvanizar todas estas reformas, vamos a seguir profundizando en materia de apertura económica y de acuerdos comerciales. Ratificaremos el acuerdo con los Estados Unidos, así como lo hicimos con la Unión Europea. Reformaremos el Código Aduanero para adecuarlo a nuestros nuevos desafíos. Y también nos integraremos a los tratados internacionales necesarios, porque debemos sentarnos en la mesa del comercio internacional, hasta ser tan relevantes que nuestros intereses no puedan ser desoídos.

cada uno de los ministerios ha preparado 10 paquetes de reformas estructurales, por lo que todos los meses presentaremos un paquete de proyectos a ser tratados por este Congreso, correspondientes a las verticales de cambio que hemos explicado hoy. Esto constituirá el año calendario de la reforma: nueve meses ininterrumpidos de reformas estructurales que van a rediseñar la arquitectura institucional de la Nueva Argentina.

 

Sobre la inserción internacional de Argentina

Y en materia internacional, toda esta estructura política no sirvió para tener relación comercial alguna que le abra mercados a los argentinos. Estábamos aislados, solos y temerosos del resto del mundo; 

el tercer pilar del crecimiento viene de la mano de la apertura comercial. Desde hace casi un siglo, Argentina está atrapada en la trampa del fetiche industrialista. Nos dijeron que la única forma de generar empleo era sostener un esquema industrial fuertemente subsidiado. Nos dijeron que solo podíamos crecer si vivíamos con lo nuestro. Para tener este relato, se impidió activamente el desarrollo del agro y de las economías regionales con las retenciones, al tiempo que se limitaba el comercio con todo tipo de restricciones a las importaciones, que encarecieron todos los insumos industriales locales. Y como si todo esto fuera poco, no debemos dejar de sumar una carga tributaria estratosférica, que ha hecho imposible casi todo tipo de inversión. Sin embargo, tras décadas de protección, obtuvimos una industria pequeña, cara, dependiente del subsidio, y con salarios en dólares raquíticos.

Se habla de apertura indiscriminada, mientras que, cuando se mira el coeficiente de apertura del comercio exterior, Argentina es el país más cerrado del mundo por lejos para su nivel de PBI. Lo pueden ver en lo que es el Consejo de Mayo. No solo eso: en el ranking de apertura del Banco Mundial, la Argentina está en el puesto 178 de 179 países. ¿De qué apertura indiscriminada me hablan? Están hablando de defender los privilegios de los cazadores del zoológico.

cuando uno abre la economía, eso permite a los consumidores el ingreso de bienes de mejor calidad y a menor precio. Obviamente, si la empresa local no puede competir, quiebra y despide gente. Sin embargo, eso es una parte de la historia. La otra parte es que ahora el consumidor ahorra dinero al comprar el bien importado y ese dinero lo utilizará para comprar otros bienes, generando así puestos de trabajo en otro sector de la economía, el cual es más productivo y, por ende, podrá pagar mayores salarios. En definitiva, suben los salarios y los precios son más bajos, se consume más y el bienestar aumenta. Ganan 48 millones de argentinos y pierden unos pocos: los empresarios que son ineficientes y los políticos corruptos. Salvo para este grupo de poder, el resto, todos ganan.

Nuestro planteo de apertura comercial se basa en un fundamento moral que señala que coartar la libertad está mal, robar está mal y la corrupción está mal. Además, nuestra política promueve la eficiencia, por lo que implica mayores salarios y menores precios, más consumo tanto presente como futuro y, por ende, mayor bienestar.

La era de la cooperación global sin brújula moral ha terminado. Entramos a una nueva era de grandes naciones que compiten por asegurarse cadenas de valor verticales. Y en este mundo, cada vez más, partirán las aguas entre las naciones libres y las naciones sometidas.

En este nuevo mundo, los dos capitales más importantes que puede tener una Nación son sus recursos y su ubicación. Argentina tiene los dos. Pero nuestra ventaja no es solo de recursos. Es de acoplamiento. Cuando hablo de capital humano hablo de la gente…. Tenemos los minerales críticos que necesita Occidente, tenemos la energía: gas, petróleo, energía nuclear y energía renovable para abastecer cadenas de producción de escala. Tenemos tierra, agua y capacidad agroindustrial para garantizar la seguridad alimentaria del hemisferio. Y tenemos la ubicación: el extremo sur del continente, con salida a los dos océanos y presencia en la Antártida. Somos un eslabón natural de la cadena de valor estratégica de Occidente.

Como Gobierno, hemos tenido un gran acierto: fuimos los primeros de la región en plantar bandera. La Argentina ya dejó pasar dos veces el tren de la historia. En la Segunda Guerra Mundial, nuestra neutralidad nos costó décadas de marginalidad; con el no al ALCA nos quedamos afuera del mayor ciclo de expansión económica en la historia humana. Mientras tanto, implementamos el régimen más antiexportador del planeta. Hoy tenemos un 30% de comercio exterior sobre el PBI, cuando deberíamos tener uno del triple, cerca del 93%. Son números de vergüenza, y no nos puede volver a pasar.

en cinco años, el complejo energético por sí solo estará exportando unos 50.000 millones de dólares. Esto no es una esperanza, ya es una realidad. El Gran Neuquén, en pocos años, será otra de las metrópolis argentinas. Y quiero decirles que ya muchas otras ciudades cuentan con el mismo potencial. La minería se despegará por toda la Cordillera, generando cientos de miles de puestos de trabajo… De hecho, si no fuera por cavernícolas como ustedes, e hiciéramos las cosas, no como una gran hazaña, sino como la hace Chile, la cordillera nos daría 1,000,000 de puestos de trabajo reales; no cosas inventadas en el sector público para tapar las atrocidades en materia de empleo.

La energía barata es el insumo transversal que cambia la ecuación de localización industrial. Donde hay energía abundante y barata, se instala la industria pesada. Veremos crecer la petroquímica, la siderúrgica, el aluminio --pero no el del tongo--, la producción de hidrógeno, el procesamiento de litio y minerales críticos. Y veremos data centers y capacidad de cómputo instalarse en la Patagonia, donde el frío natural y la energía implican y crean condiciones únicas para la infraestructura de la Inteligencia Artificial. Digo, al margen del capital humano enorme que tenemos para responder a esa demanda.

 El sector agropecuario también tendrá su revolución. Estamos en condiciones de producir 300 millones de toneladas de grano, duplicando la producción actual. Para ello daremos un régimen de derecho de propiedad a los innovadores en semillas; continuaremos el sendero de baja de retenciones de forma responsable, y solo en la medida que el superávit fiscal lo permita.

No podemos aceptar que nuestros rindes en Chaco sean de 600 kilos de algodón por hectárea, cuando en Brasil son de 1.400. Tampoco podemos permitir que Brasil triplique su producción de soja usando semillas con tecnología argentina, hecha por empresas argentinas, que no se pueden vender en Argentina.

 


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